Cuando ingresaste a la San Martín, nunca te imaginaste pensando en grande

Septiembre 29, 2008

Hablar de la universidad que piensa en grande es desde ya una tarea ingente, pero concentrarse especialmente en la facultad de Ciencias de la Comunicación podría resultar un tanto borrascoso dados los antecedentes que ha tenido nuestra casa de estudios. Desde expulsiones por indisciplina -recibir una llamada en clase-, por faltas contra la moral y las buenas costumbres -permitir el acceso de los alumnos al blog personal e íntimo de una profesora- y las campañas de la facultad contra las drogas -no se permitió el acceso a la universidad a las personas que vistiesen de negro (por la moda metal y punk), así que el alumnado se puso de acuerdo para vestir todos de negro y así se permita el paso a todos o a ninguno-. Se podría decir que la universidad guarda cierta estrictez.

 

Siempre vigilando que los alumnos acaten las normas, a veces se ha caído en excesos o arbitrariedades. Nadie dice que la disciplina sea mala, todo lo contrario, es una manera ideal para sistematizar las acciones y llegar a las metas propuestas. Pero a veces resulta difícil no sólo lograr un cambio de acciones sino lograr un cambio en la idiosincrasia del peruano promedio. Se podría decir que es un choque entre dos olas, entre placas tectónicas que evidentemente, provocan consecuencias negativas.

 

Tal vez es la manera en la que se transmiten los mensajes, los desatinos, la falta de tacto o simplemente, no llevar la información completa y a tiempo de parte de las instancias que tienen contacto directo con alumnos, profesores, autoridades y medios de comunicación; eso es lo que provoca reacciones no deseables. Si se pusiera en práctica lo que se nos enseña en los talleres de Relaciones Públicas sea una buena solución, ya que es impensable que no haya una buena interrelación entre los públicos en una facultad dedicada a las Ciencias de la Comunicación.

 

Para rescatar lo bueno de la situación, el ver la infraestructura de la universidad y la tecnología que ésta maneja, es un buen estímulo a la hora de elegir una casa de estudios donde llevar la carrera. No se puede negar la preocupación de las autoridades universitarias en brindar los mejores equipos que permiten realizar trabajos de diseño gráfico, redacción, producción audiovisual y talleres para que los alumnos interesados refuercen y desarrollen sus conocimientos. Así como los servicios que brindan: la Oficina de Prácticas Pre-profesionales -que es bastante efectiva-, la Biblioteca -la más completa entre todas las facultades de la USMP- y la Cafetería – ahí sí hace falta una buena remodelación-.

 

Igual preocupación hay en el enraizamiento de valores en los alumnos, o por lo menos el de la puntualidad, ya que se cuenta con un sonoro timbre que avisa a profesores y estudiantes el inicio y final de las clases. Al principio puede ser abrumador y estresante, pero luego uno se acostumbra y lleva ese hábito a su vida cotidiana.

 

Cómo dejar de mencionar la genial -y no intento burlarme- idea de crear Talleres de Ortografía y Redacción para los alumnos que necesitan (necesitamos) mejorar la escritura de manera urgente para dejar en alto nuestra reputación como profesionales de las Ciencias de la Comunicación y de paso dejar bien colocado el nombre de la universidad.

 

Para terminar, el hecho de ser parte de la Universidad de San Martín de Porres es una experiencia que no creo olvidar en toda la vida, no sólo por las exigencias y las carreras hasta la entrada de los pabellones para llegar antes que suene el timbre, o los sudores fríos en pleno examen final, sino que llevo aprendido que el esfuerzo tiene su mérito y que con ese esfuerzo se pueden lograr cosas en verdad grandes.

Por Angela Castillo

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2 Comments Add your own

  • 1. Fabricio Rebatta  |  Junio 26, 2009 at 1:17 pm

    Buena medida la de los estudiantes (vestir todos de negro) para responder a la intolerancia y la represión que no ve más allá de sus narices.

    Tengo una mala experiencia con los alumnos de la San Martín, en cuanto a su cultura cinematográfica. Con motivo del festival de cine de Lima, hace algunos años, parece que confundieron el auditorio con la cafetería, y nadie hacía caso de la buena película argentina que se exibía, hasta que tuve que callar al auditorio como si estuviera en una clase de primaria.

    Esto se soluciona con buenos profesores y el interés por el cambio como el que demuestras tú, Angela. Resucita tu blog.
    Saludos.

    Responder
  • 2. Fabricio Rebatta  |  Junio 26, 2009 at 1:19 pm

    parece que mecomñi una “h” en “exhibía”

    Responder

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