Ronda Nocturna

Septiembre 26, 2007

En su primer fin de semana en la calle Avogadro, todo parece ser muy tranquilo: uno que otro reciclador de basura a quien ahuyentar, algún vecino qeu regresa tarde después de una excesiva reunión y los perros que levantan una patita prestos a marcar territorio.  Nada muy arriesgado para don Segundo, el nuevo vigilante de turno noche de la cuadra.  “Por ahora soy descansero”. Al ver men mi cara dibujado un gran signo de interrogación agrega: ” Eso quiere decir que sólo reemplazo al vigilante permanenete, para que él puedatomar un descanso”.

Don Segundo es un hombre de aproximadamente cuarenta años, le gusta la música de recuerdo que pone a todo volumen en su radio portátil para mantenerse acompañado durante la noche,  Tiene un metro setenta y cinco de estatura, piel oscura y una forma de hablar que delata su procedencia norteña.  Cuando recuerda a su familia habla de sus dos hijos menores y su señora, que se tuvieron que regresar al norte porque el clima aquí en Lima es muy húmedo y a uno de los chicos le dio asma.  De eso ya pasaron ocho años.

Aparentemente San Borja es un distrito tranquilo pero siempre hay que estar atento, uno no se puede confiar de la comunicación entre el vigilante y el serenazgo que, como en esta oportunidad, no tienen radio para comunicarse sino hasta dentro de tres semanas.  Solamente un potente pito, su radio portátil y su bicicleta acompañan al vigilante durante su ronda de doce horas; ida y vuelta a la única cuadra de la calle.  Las horas pasan lentamente, pero él no se deja vencer por el sueño.  Ser vigilante es como cualquiier otro trabjao de oficina.  Uno tiene que cumplir, ahora me toca de noche y hay que seguir despierto”.  Agrega don Segundo que se esfuerza por explicar bien cada parte de su trabajo.  “Prefiero no meterme a la caseta porque ahí me duermo”.

Al estrechar su mano, sorprende que a pesar de la chompa, la chalina y el chaleco que lleva encima, ella esté tan fría; así como si sólo tuviera telas delgadas sobre el cuerpo.  Normalmente le darían café caliente para pasar la noche, pero los domingos nadie tiene “tiempo”.  Ya falta poco para que llegue el alva y marque el fin de la jornada, después de unas horas de descanso se verá que hora forma, a parte de vigilar casas hay para ganarse la vida.

Por Angela Castillo Velásquez

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